Acerca de la portada de “Pasajeros del tiempo”

Muchas personas me han comentado que les encanta y que si soy yo esa niña sentada sobre el baúl que sonríe a la cámara al tiempo que se rasca el pelo. Pues no, he de decir que no soy yo, no. Cuando me decidí a sacar esta, mi primera novela, a la luz diez años después de haberla escrito, supe que todo, incluso la imagen de la portada, debía de reflejar esa experiencia íntima que se desprende de mi obra y no solo por el argumento de lo que se cuenta sino también por las condiciones en las que esto fue escrito y por mi manera de entender el acto creativo que, sin lugar a dudas, siempre ha condicionado mi relación con la literatura pues nunca he podido ni pretendido separar mi escritura de mi propia existencia. De esta forma un buen día me encontré husmeando entre las fotos antiguas que mis padres guardan en una caja. Todo un placer para mis sentidos si tenemos en cuenta que desde pequeña he sido una apasionada de la fotografía. Me fascina ese mundo congelado de las imágenes antiguas, arrugadas, en blanco y negro o ya casi amarillentas, llenas de rostros de personas desconocidas que lo más probable es que ya no estén entre los vivos y así se me pasan las horas sin que yo me percate, ensimismada como quedo en ese placentero acto al que en más de una ocasión he definido como: “el acto de observar fantasmas”. Así que de esta forma me encontraba yo aquella tarde, rebuscando entre las imágenes familiares, cuando de pronto, de entre medio de todas, surgió esta. La niña sentada sobre el baúl parecía estarme diciendo: soy yo, soy yo, yo reflejo exactamente lo que quieres decir con “Pasajeros del tiempo”, yo fui niña, como tus personajes, ahora soy adulta, también tengo una hermana, nos criamos en Las Palmas y estoy subida a un baúl, muy parecido a los antiguos baúles que se cargaban en los barcos para llevar los enseres de las familias que emigraban rumbo a Venezuela, soy yo, me decían sus ojos, soy yo, me decía su sonrisa, soy yo me decían sus pequeñas sandalias de la época y sus pequeños pies. Así que no lo pensé más y como todo en mi vida resulta de esta manera, cogí la foto y al día siguiente estaba diciéndole al editor que no quería la portada que me estaba maquetando, que la que quería era esa. Por cierto, la niña de la foto es mi prima Carmen Rosa Cuervo González, la hija más pequeña de mi tía Maruca González Barreto, hermana de mi madre. Ella  muy amablemente me cedió los derechos para usarla y por ello le dedico especialmente este post. Es preciosa ¿verdad?

Dedico este post a mi prima, Carmen Rosa Cuervo González

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